Juan Ignacio Barenys Juan Ignacio BarenysEscrito por

Juan Ignacio Barenys

Arthur Dooley Wilson fue un actor y cantante estadounidense cuyo papel más famoso es, sin duda, la interpretación del pianista Sam en Casablanca. En esta película, Sam es un pianista y cantante que trabaja en Rick's Café, local al que da nombre su propietario y gerente, interpretado por Humphrey Bogart. Dooley Wilson era cantante y batería, pero no pianista; no sabía tocar el piano. Fue Elliot Carpenter el encargado de tocar el piano en realidad. Wilson tuvo que ser entrenado para simular que era él quien tocaba.

En la vida cotidiana del CIO, CTO y Service Manager se presentan ocasiones en las que hay que simular que se sabe tocar el piano. Y, además, con cierto nivel de virtuosismo.

Éste es un tema que presenta un perfil delicado porque, junto a las evidentes ventajas, encontramos un – llamémoslo así – peligroso inconveniente o tentación: el engaño. Algo que roza los límites de las consideraciones éticas.

Para explicarlo, volvamos a Arthur Dooley Wilson y a Casablanca. ¿Cuál era el objetivo del director de la película? Simple y llanamente, conseguir una brillante escena cinematográfica. Y lo consiguió, por cierto. ¿Pretendía Wilson pasar por pianista? ¿Cobró como si lo fuera? No; por ese trabajo se embolsó la miseria de 350 dólares, bastante menos que Carpenter, el auténtico pianista.

Wilson no se entrenó para tocar el piano; se entrenó para simular que tocaba el piano sin ni rozar el teclado. De que no se notara se encargó el director de la película con el adecuado enfoque de las cámaras. Es una sutil y a la vez enorme diferencia. ¿Había mejores pianistas? Seguro que sí. ¿Había mejores simuladores? Probablemente, no.

¿Hay dudas en un proyecto? Toca disimularlas o minimizarlas para evitar parones y desánimos.

¿Hay resistencias al cambio? Toca soslayarlas hábilmente y reconducirlas.

¿Hay dificultades en el avance? Toca serenar su estudio detallado y, tal vez, perder tiempo para ganar tiempo.

¿Hay flagrantes incompetencias en el equipo? Toca taparlas con discreción en el escaparate y resolverlas diligentemente en la trastienda.

¿Hay imprevistos? Toca conseguir un ritmo adecuado de absorción para engarzarlos en lo previsto.

Y todo eso, de forma muy personal.

El CIO, CTO y Service Manager es un hombre orquesta, lo sabemos. Tiene muchos roles simultáneamente y ejecuta gran diversidad de categorías de tareas. Pero no está obligado a saber tocar todos los instrumentos e interpretar todas las piezas. Sin embargo, sí que lo está a saber simular, cuando conviene, que puede hacerlo.

Simular no es engañar: no los hagamos sinónimos.

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