Juan Ignacio Barenys Juan Ignacio BarenysEscrito por

Juan Ignacio Barenys

Charlie Chaplin, el creador de Charlot, era un genio del cine, sin duda, pero también tenía muy mal genio según atestiguaron todos aquellos que tuvieron ocasión de trabajar con él. Pero, sobre todo, era temido por su exacerbado perfeccionismo que le llevaba a rodar una misma escena decenas de veces. Cuenta alguno de sus biógrafos que de una famosa escena de “Luces en la ciudad” llegó a ordenar más 103 tomas, de las cuales, para la versión definitiva de distribución comercial, escogió la tercera.

Algunos – no tan geniales como él –podemos llegar a pensar que esa búsqueda maniática de lo perfecto resulta inútil. En efecto: la tercera toma era suficientemente buena. El hecho es que al espectador se le antoja una obra de arte.

En todas las tareas y actividades, existe un punto de bondad o competencia en el que, si es compartido, conviene darse por satisfecho. Ulteriores esfuerzos para mejorar el resultado serían excesivos.

En los proyectos de la gestión de Servicios de IT sucede lo mismo; o puede suceder.

Es tarea de los CIOS, CTOS o Service Managers detectar el punto de llegada que satisfará al usuario, cumplirá con las funcionalidades deseadas y dará satisfacción a las competencias técnicas de las personas que han participado en el proyecto. Más allá, rizar el rizo, desembocará con toda probabilidad en desviaciones de costes y plazos de entrega a cambio de prestaciones no solicitadas o innecesarias. Por añadidura, el aprecio que se recibirá por ellas no compensará el sobreesfuerzo realizado, salvo narcisismos nocivos que deben ser evitados.

La verdadera competencia es inconsciente: se hacen las cosas bien sin explícita consciencia de ello, sin ansias de lucimiento, pensando en los intereses de todos. Como en la tercera toma de Chaplin.

Ya se lo decían a Tony Curtis en la archifamosa escena final de “Con faldas y a lo loco”: nadie es perfecto”. Es una autoexigencia inútil.

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