Saber estar… en Hannover

Una habilidad del CIO, CTO y Service Manager

Saber estar… en Hannover

CEBIT es la feria más importante de informática y telecomunicaciones que se celebra en Europa. Abre sus puertas a cientos de miles de visitantes durante una semana a finales de invierno, en la ciudad alemana de Hannover, en la Baja Sajonia.

Para estos visitantes, encontrar un alojamiento en los días de feria puede resultar una auténtica odisea. Muchos de ellos consiguen hospedaje - agotadas las plazas hoteleras con varios meses de antelación – en casas particulares de familias alemanas que ofrecen una habitación. Yo visité CEBIT durante varios años consecutivos y tuve la suerte de poder alojarme siempre con la misma familia, en el centro de la ciudad. Se trataba de una pareja de unos cuarenta años con dos hijos varones de aproximadamente quince y doce. Me bastaba con telefonear por Navidad para desearles unas felices fiestas y anunciar que, un año más, visitaría la feria de tal a cual fecha.

Algunos colegas que utilizaban el mismo sistema de hospedaje solían comentar que el trato con la familia de turno era muy frío, apenas unas palabras para entregar la llave del apartamento, saludos de cortesía al entrar y salir, y pago el día de la despedida.

En mi caso, fue todo lo contrario: me trataban como si fuera de la familia. Me explico.

El primer año, el día de mi llegada a media tarde, el marido me entregó la llave, me presentó a su familia y me dio las explicaciones de rigor. Me encerré en mi habitación a deshacer el equipaje y poco después, salí de la casa para cenar algo. Al regresar, la señora me estaba esperando en el recibidor. Con una especie de guiño cómplice me dijo: “Ellos se han ido al fútbol, venga, que le enseñaré algo”, y me llevó hacia su habitación. Una situación un tanto sorprendente, casi me tuvo que empujar.

Una vez dentro, cogiéndome del brazo y señalando a un mosaico de fotos enmarcadas que estaban colgadas en una de las paredes, dijo:

- Es usted como de la familia

Bueno, muchas gracias por su amabilidad pero quizás no tanto como para meterme en su habitación a las primeras de cambio y en ausencia de marido e hijos.

- Fíjese, es una coincidencia genial.

Tardé un rato en comprender.

Efectivamente, en una de las fotos – que eran de sus viajes – estaba la pareja en la Plaza de Cataluña de Barcelona. Tras ellos, que posaban para la cámara, se veía a varios transeúntes y entre ellos, destacando claramente, estaba yo. Sí, yo mismo. Colgado sin saberlo en la pared del dormitorio de un matrimonio alemán de Hannover, acompañándoles todos los días en sus recuerdos de un viaje que habían realizado a la Ciudad Condal hacía quince años. Una difícil y sorprendente coincidencia, sí, una sorprendente coincidencia, a pesar de que yo paso por la Plaza Cataluña casi todos los días.

- Es una genial coincidencia, ¿no? Le hemos reconocido enseguida.

Cualquiera me hubiera reconocido, con mis andares distraídos y cansinos, y el cigarrillo colgando en la comisura de los labios. No había confusión posible. Gracias a esa coincidencia, disfruté de un privilegiado trato de familia durante mis estancias con los Windisch, que así se apellidaba mi familia de Hannover.

Me permitieron hacer una foto de la foto; cuando volví a Barcelona y se lo expliqué a mi mujer, comentó:

- Por suerte, no has quedado mal del todo.

Esa vez fue por suerte, según mi esposa. Pero podría haber sido mala suerte, pensé.

Fue coincidencia que los Windisch y yo nos cruzáramos en la Plaza Cataluña y luego nos encontráramos en su casa a miles de kilómetros de distancia. Y suerte que yo no quedara mal del todo, porque, la verdad, no suele suceder así.

¿Moraleja? Quizás ésta: hay que saber estar siempre preparados para quedar bien en una fotografía que no sabemos que nos están haciendo, y que puede ser que nos la enseñen al cabo de un tiempo, donde y cuando menos lo esperemos.

Service Managers – y muy especialmente los CIOS y CTOS – están siempre expuestos a cámaras ocultas en su trabajo. Viven profesionalmente rodeados de personas que “toman nota” y luego recuerdan y quizás repiten fielmente lo que uno prometió y comprometió. Es natural que así sea; realizar proyectos es adquirir compromisos, a veces a contracorriente. Hay notarios que dan fe de lo que se ha escrito en propuestas, se ha expresado en reuniones y se ha expuesto en presentaciones.

En muchas ocasiones - por suerte, en la mayoría - las cámaras están a la vista. Permiten posar. Tratar de quedar bien o de saber estar, es relativamente fácil así.

Pero ha de haber una habilidad que nos permita saber estar, por si acaso… Como todas las habilidades ésta también se aprende y se puede mejorar gracias al entreno.

Más todavía. Recordemos la famosa fotografía de Robert Doisneau “le baiser de l’Hotel de Ville”. En ella, una pareja de enamorados fueron cazados por el fotógrafo besándose frente al ayuntamiento de París. Al cabo de unos años, reclamaron derechos de imagen. Pero no sólo ellos; también el señor de la boina que pasaba por detrás, como yo en Hannover. Nunca pensé en pedir derechos de imagen a los Windisch, válgame Dios, pero… obtuve un trato de familia.


Manuel Jiménez
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